‘’ Aún reacciona ante ella como un niño, tómelo con
sentido del humor’’, le dijo. Se encontró con Lisa a la salida del trabajo.
Ella llevaba un saco rojo que combinaba perfectamente con el color rubio de sus
cabellos. Con las manos húmedas, el cabello un poco despeinado y el corazón a
punto de salir de su pecho, llegaron a casa un poco tarde. Mamá lo esperaba con
la comida hecha y la frase de todos los días: ‘’ ¡Caray, te ves horrible!’’. Tan solo esperaba que su madre no
dijera más nada; sin embargo, ella volvió hacer lo que él ya se imaginaba: el
disgusto que tenía sobre la casa; ‘’ ¡le
parece muy judía!’’, dijo; criticó
su cambio de apellido y por último lo callo cuando quiso defenderse, todo en
menos de 30 segundos. En la mesa todos comían; con la mirada fija en los ojos
de Lisa, la hipocresía y el timbre de voz tan alto que la caracterizaba y las
manos sobre el mantel, la madre y sus
comentarios estaban dispuestos a convertir a su hijo en la especie más
avergonzada en ese momento. Primero, mencionó que se estaba quedando calvo
igual a su padre, enseguida, sobre su pelo rojo cuando era niño y mientras lo hacía
no dejaba de darle ordenes. ‘’Agarra pan
con mantequilla’’, le ordeno.
Todo iba por
buen camino, hasta que la madre pregunto: ¿Donde
trabajas Lisa? Esta pregunta cambio la perspectiva de la anciana gritona:
Lisa a parte de trabajar en una firma publicitaria tenía tres hijos. Esta
noticia no le gusto a la madre y de pronto él quiso intervenir: ‘’Estuvo casada’’, dijo y la madre lo
interrumpió con una orden ‘’ Cómete tu
postre’’, él sumiso accedió. Se cogía la cabeza en muestra de preocupación,
pues las actitudes que mostraba su progenitora no le eran muy favorables. Al
terminar la cena, Lisa y la madre se sentaron en la sala a ver el álbum de
fotos y como era de esperarse la madre volvió a avergonzarlo. Él se puso las
manos en la cabeza de desesperación por los comentarios de su madre y se paró
para despedirse de ella. Mientras Lisa estaba en el baño, él y la madre
hablaron. Ella no quería que él se casase con Lisa para la madre solo los
astronautas se podrían casar con una rubia con tres hijos.
Él regresa,
de nuevo, derrotado por su propia madre, indignado, cansado y preocupado a
contarle al doctor la nueva pesadilla que otra vez ella ocasiono.
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